ENFOQUE TERAPEUTICO

No todas las psicoterapias son iguales. Las más fructíferas tienen una serie de características esenciales que intento estén presentes en mi forma de hacer psicoterapia.

Una concepción especial del dolor y el sufrimiento

Hay una diferencia entre dolor y sufrimiento

El dolor es una realidad que todo ser humano conoce. Es el acompañante jamás buscado, el pretendiente que todos expulsaríamos de nuestro lado. Mas por indeseable que sea, la vida nos pone en contacto con situaciones dolorosas: no hay vacuna contra el dolor.

Sin embargo, el sufrimiento es muchas veces innecesario. Llamo sufrimiento a un enquistamiento del dolor que se produce cuando el ser humano no sabe o no quiere extraer las lecciones que todo dolor esconde. El ser humano se instala entonces en el sufrimiento, y éste llega a ser su segunda piel.

Superar el sufrimiento implica aceptar el dolor en la vida y aceptar el dolor permite la superación del sufrimiento, pues permite encararlo y trabajarlo.

Una comprensión de la verdadera curación

El ser humano herido ha tapado su herida para no sentirla, y ha acabado por olvidarla. Lo que se olvida no existe: ¡misión cumplida!

Sin embargo, esas capas y capas de sentimientos negativos, que, como un vendaje infecto ocultan la herida, le han instalado en el sufrimiento crónico, le impiden vivir, le limitan, le bloquean, le ahogan.

El mero hecho de ver ésto es en sí mismo curativo, siendo la curación tan sólo el proceso a través del cual se dan las sucesivas tomas de conciencia que permiten recuperar el primitivo latido de la vida

Terapia centrada en el cliente

No hay enfermedad, sólo hay enfermos. Y en la psicoterapia que queremos practicar ni siquiera eso.

Sólo hay seres humanos que sufren, y no pretendemos encuadrarlos en una u otra categoría de enfermedad. Sólo pretendemos escucharles, con el fin de que puedan escucharse a sí mismos. Sólo pretendemos crear un espacio terapéutico, es decir, un espacio que permita y motive al cliente a un encuentro consigo mismo. Nada menos.

Empatía

Para poder decir de alquien que es empático, éste no sólo debe ser permeable a los sentimientos de los demás, sino, sobre todo , ser capaz de permanecer en medio del sufrimiento que alguien expresa y apreciar en ello el goce que resulta de tal liberación.

Tal capacidad conforma la base sobre la que se construye el espacio terapéutico, pues sólo ella permite la expansión del ser humano hacia zonas en las que de otro modo jamás se atrevería a penetrar.

Encontrar la senda del propio corazón

Cuando los pies recorren un sendero que el corazón no reconoce como propio, el ser humano no puede sentirse feliz.

La senda del propio corazón empieza simplemente por aprender a sentirlo, tapado como se halla por tantas y tantas influencias de las que ni sabemos su origen.

La senda del corazón ya no se abandona cuando uno aprende a ponerlo siempre en el lugar de honor desde donde se toman las decisiones.

Apertura a lo transpersonal

Para muchas psicoterapias el trabajo acaba donde acaba la personalidad. Sin embargo, el ser humano puede abrirse más allá. Abrirse al espacio al que pretendían llegar las viejas Religiones, la meditación, etc.

Es un espacio que muchos seres humanos necesitan integrar en sus vidas, y sin el cual su misma personalidad se resiente y queda permanentemente insatisfecha. Es un espacio necesario para su Equilibrio. Es un espacio que la psicoterapia deberá nutrir cuando sea demandado.

A través de todo este enfoque intento crear un espacio terapéutico abierto, capaz de generar la aceptación y asumir el cambio.

Trabajamos en psicoterapia individual y de pareja.



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Hay mucha gente que piensa que el domingo es una esponja que limpia los pecados de toda la semana.
Henry Ward Beecher